3 de Diciembre de 2018

Muroï: Esoterismo artístico

Por Héctor Núñez.

 

La alquimia, una incesante búsqueda del origen, doctrinas que confluyen en enfrentamiento por alcanzar el conocimiento absoluto, la imposible unión simbiótica de los elementos naturales para generar metal precioso, el anhelo de la piedra filosofal: la transmutación aplicada al concepto artístico.

 

Es una constante en las artes escénicas, la continua evolución retroalimentada que permite la reconversión y adaptación de la inspiración en un marco temporal determinado y que en nuestra ciudad cuenta con un secundado movimiento, aunque a veces lamentablemente incomprendido e infravalorado. De la unión de cinco elementos, a priori discordantes pero con esa dosis evolutiva implícita en cada línea de su ADN, surge Muroï, que se sustenta con la carga electro-emocional particular de cada uno de ellos para comenzar a construir la piedra angular del entendimiento del nuevo Rock Onubense.

 

Fotografía de Frantelo

 

Como tantos otros alquimistas de sonidos, Muroï se reúnen bajo un epígrafe de tendencias ya creadas, covers y tributos paralelos a las líneas ya ejecutadas, para exponer inquietudes y necesidades implícitas de desarrollar otros estilos que aporten y enriquezcan sus respectivas trayectorias. Nombres muy conocidos, historias inacabadas y proyectos consolidados por Diego “Lulo” Marín (Elmuerto, Waterdogs, BlackCats), Edu Castilla (Kráneo, Watta, La Cuesta), Marco Quintero (Camarlengo, Héroes, Elemento), Jonathan Mojarro (La Cuesta) y el increíblemente desconocido Dani Camargo, que apenas se estrena (tras su paso por Broken Wings) en el difícil arte de la experimentación vocal con un eclosionante talento, cerrando una extraña formación auspiciada por un desbordante eclecticismo estilístico.

 

En apenas un año y medio, su movimiento y dirección han variado para adaptarse a la música que crean, pasando de ser una banda homenaje a Sôber (de los que aún conservan su oscuro  groove interpretativo) a una cover band inclasificable y aparentemente inconexa (con adaptaciones de Ozzy o Megadeth e incluso Chris Cornell o Muse) pero absolutamente verosímil.  Un crisol con afluentes que beben de fórmulas imposibles, de perecederos recuerdos y atemporales himnos, y con el que consiguen generar la expectación, aceptación y reconocimiento  suficientes para afrontar el replanteamiento definitivo de la propuesta para dar el siguiente paso en su lógica evolución.

 

Fotografía de Frantelo

 

Como cúspide de esa metamorfosis artística pro-natura, la crisálida finalmente trasmuta en una banda de belleza extrema, de cuidado sonido y brillante puesta en escena, que deja un extraño sabor de boca al presentar en vivo sus primeras obras de firma propia, mostrando unos detalles de calidad compositiva aptos para cualquier amante de cualquier estilo musical, mientras sobrevuelan la experimentación numérica de la simbología implícita en sus logos y uniformidad, rememorando una vez más a los grandes nombres del rock de todos los tiempos. Una nueva propuesta, un nuevo concepto que reafirma su propia identidad en un intento de reclasificar las diferentes opciones desarrolladas en más de veinte años de experiencias sonoras para crear algo que suena a familiar a la vez que absolutamente novedoso, y que engloba parte de la esencia de sus raíces.

 

Muroï tal vez representen el nacimiento y enaltecimiento del new rock, el post-metal, el shock-alternative onubense, la continuidad de un camino ya comenzado, pero aún no trazado de manera definitiva. Una cíclica fotografía desenfocada, desvirtuada y a la vez altamente adictiva, donde las sensaciones y sentimientos sudan en cada acorde, en cada letra, a través de la alquimia desarrollada entre cinco elementos de talento desmedido y gargantas prodigiosas. Huelva es Muroï, yo #soymuroï

 

 

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