26 de diciembre de 2018

Fidel Camacho: Las cicatrices de la experiencia

Por Héctor Núñez.

 

Hay rasgos que definen a la perfección la imagen representativa de una palabra. La experiencia siempre se halla íntimamente ligada a conceptos como la vejez, la sabiduría, las arrugas en la piel, el cabello desprovisto de color o las cicatrices, a veces invisibles, que condicionan inevitablemente un prejuicio instantáneo, otorgando de forma paralela un estatus elevado a su portador:  respeto por su trayectoria, admiración por su trabajo y reconocimiento a una vida dedicada en cuerpo y alma al arte.

 

Hablar de Fidel Camacho es hablar de ese tipo de sensaciones, es hablar de percepciones melódicas más allá del sentido del oído, es hablar de música con aromas. En su música y su forma de interpretarla se concentran toneladas de efluvios de sudor, de bares, de olor a tabaco. En sus estrofas casi se puede sentir el pegajoso tacto de una barra de madera requemada por colillas mal apagadas, con leves reflejos de luz que deshilachan los velos de humo y engalanan los sonidos latentes en membranas acartonadas.

 

Fotografía: Alberto Bouzón

 

Desde La Redondela, un núcleo urbano tan pequeño como el significado de su propio nombre, nacía hace 30 años una banda de rock a la vieja usanza, de los que casi aprendían a tocar en los propios escenarios, de los que hoy día apenas se recuerdan pero que supusieron un punto de inflexión a nivel cultural en la ciudad. Impacto conformó el conocido como primer grupo de rock oficial de la zona, y durante toda la vida de la banda, Fidel estuvo haciendo crecer, enriquecer y amoldar sus propias inquietudes y filosofía a la del resto de componentes. Impacto fue un claro ejemplo del ahora llamado amateurismo, underground o anti-mainstream, y a pesar de los años, kilómetros y decenas de escenarios que pisaron, apenas se conservan algunas maquetas de la época y escaso material audiovisual. El tiempo consiguió hacer justicia hace apenas un año con la edición del libro ”Impacto: Rock en La Redondela”, para dejar constancia escrita del peso y repercusión que consiguieron, allanando un camino que muchos otros han conseguido continuar, seguir y ampliar.

 

Fotografía: Alberto Bouzón

 

Aunque todas aquellas composiciones de rock urbano se vieron difuminadas en la memoria, Fidel si consigue plasmar físicamente su alianza artística con Miguel Ángel Molina, con el que coincide en simbiótica inspiración para abordar un precioso proyecto en forma de dúo acústico. Entre 2014 y 2015 Molina & Camacho nos dejan los discos “En un punto en el camino” y “Las noches que nos ha robado el sol”, con los que consiguen mantener sus conciencias ancladas a la música sin la necesidad implícita del reconocimiento colectivo, aunque  logrando un enorme estado de aceptación generalizada por el gusto con el que trabajan el rock, country y elementos blues. Un capítulo aún inacabado que sigue vigente y en vísperas de finalizar la trilogía desarrollada por dos autores perfectamente sincronizados en la esencia musical.

 

Portada del último trabajo publicado por Fidel Camacho

 

Sin embargo, la necesidad de sudor y tablas es un animal que no puede enjaularse indefinidamente y en 2017, ya con su propio nombre abanderando el proyecto, se edita “Entre el cielo y el infierno”, una colección de historias autobiográficas producidas por Santi García en Estudiomáthica, donde Fidel expone sus paseos reflexivos a través de sus propias estructuras estilísticas, dejando fluir nuevamente ese sentimiento imperecedero de finales de los ochenta. Un trabajo que le devuelve a la cancha de juego, le pone de nuevo en funcionamiento y le hace volver a su hábitat natural para presentarlo en diferentes eventos, formatos y escenarios, poniendo de relieve la perfecta versatilidad de su renovada y al mismo tiempo familiar propuesta.

 

La lógica continuación viene en 2018 con “Una y otra vez”, una segunda parte perfectamente definida en tiempo y forma, con una fantástica presentación obra de Alberto Bouzón y un sonido (si cabe) aún más enfocado, maduro y compacto. Nuevamente Santi se hace cargo de extraer al mejor y más carismático artista que en esta ocasión se rodea de un enorme elenco de amigos y músicos que dejan sus pinceladas y visión particular a cada composición, haciendo suyas esas historias, compartiendo el enfoque colectivo de Fidel y coreando sus reflexiones vitales. Otro punto de inflexión, ejemplo del trabajo y la constancia aplicados a la escala de valores que ha caracterizado a la persona por encima del personaje y deja ese reguero de cariño y respeto en cualquier foro.

 

Fotografía: Alberto Bouzón

 

Fidel ha sabido resumir después de treinta años al servicio del arte el concepto primigenio del rock antes de ser domesticado. Ha tenido el don de mantener intacta la solera del vino de crianza, dejándolo reposar sabiamente para no contaminarlo. Ha conseguido resetear la memoria colectiva hibernada, transformando el anglicismo gramatical a una adaptación de poesía de calle para convertir el feeling del Rock and Roll foráneo en aromas de rocanrol de raza.