5 de Noviembre de 2018

Nación Secreta: Blasón del Rock n’ Roll

Por Héctor Núñez.

 

No existe un árbol genealógico íntegro, los investigadores que trabajaron en los últimos estudios aún no han conseguido remontarse a más de 11 generaciones, estimando adherir aún otras 65 para lograr converger en un ancestro común de inicio que permita completarlo. El rock, uno de los movimientos sociales más importantes de la historia moderna cuenta sus generaciones por  siete décadas, pero incluso con esa horquilla tan estrecha sigue siendo muy difícil desarrollar un boceto genealógico completo e inalterable, pues aún constituye un animal vivo y en constante evolución.

 

Como cada casa real, el R n´ R y sus seguidores otorgan reinos, ducados y escudos de armas a aquellos que por su valía y méritos pasaron a la historia como genios, compositores o intérpretes: el rey del rock, el duque blanco, el príncipe del pop, el padrino del soul… y en Huelva volvemos a disponer de cruzados, caballeros defensores a ultranza de los que para muchos de nosotros es algo más que música, trabajando como impasibles templarios desde su propia Nación secreta.

 

 

Probablemente sea una de las formaciones más jóvenes en la actualidad pero conformada a su vez por algunos de los músicos de mayor recorrido y veteranía en diferentes campos artísticos y culturales de nuestra provincia. Un grupo que toma prestada su esencia de sonidos americanos, pero atípico de la escena por su configuración y  su forma de entender y adaptar sus raíces estilísticas. Southern, Folk, Country, Blues y Rock n´ Roll tamizados, prensados y reubicados se dan la mano en unas composiciones cuidadas, donde el gusto por el detalle y los arreglos ensalzan en perfecta sintonía con unos textos ágiles aunque reflexivos, en los que la cotidianidad protagoniza pequeñas historias contadas desde la simbiosis creada por sus dos voces en contrapunto y convirtiéndose en su carta de presentación y seña de identidad.

 

 

En apenas unos meses, NS pasó de ser un proyecto virtual que aprovechaba las nuevas tecnologías para crear música orgánica en la distancia, a convertirse en una realidad, con una compensada formación perfectamente conjuntada. Jesús Pulido (voz, guitarra acústica y programador cultural en fundaciones e iniciativas privadas) amplió las miras del dúo acústico Vis a Vis que conforma junto a Víctor López (guitarra en Dobles Intenciones), para poder musicalizar los textos y melodías con los que habían empezado a trabajar, sustentando en Miguel Ángel Molina (voz, guitarra, armónica) el principal peso compositivo y de arreglos, aprovechando así su dilatada experiencia como productor, compositor e intérprete tanto en solitario como en el tándem Molina & Camacho, con varios trabajos editados en los últimos años. Moisés Lorenzo (batería ex Dobles Intenciones, Slap 71) y el estudioso multi-instrumentista Ricardo González en el bajo (miembro además de la Big Band de Aljaraque y alumno-colaborador junto a Jesús en la Escuela de Arte y Sonido) completaron una formación multidisciplinar y de contrapuestas influencias cuyo principal hándicap es la distancia que separa a sus miembros, distribuidos por la sierra, capital y costa onubenses.

 

Fotografía: Pablo Sayago

 
Su debut casi duplicado, atípico como casi toda su trayectoria, se produce curiosamente fuera de nuestra ciudad, entre Cartaya y Sevilla  y con apenas unos ensayos como banda completa, consiguiendo confirmar la línea del proyecto para plantear su presentación en Huelva, que, precedido de una enorme expectación, se convierte en punto de encuentro de ese sector de público que necesita cubrir una carencia estilística. Un perfil que empatiza rápidamente con su propuesta, se identifica generacionalmente con las canciones que presentan y convierten en un sold out su primera aparición en nuestra ciudad: es una lástima que el término AOR ya esté acuñado y asociado a otras tendencias, pues probablemente sería una etiqueta muy acertada para la sonoridad y efecto que ofrecen. Sus primeras composiciones son aceptadas con agrado y se entremezclan con naturalidad en un repertorio donde el castellano toma el protagonismo para reforzar la importancia de la letra armonizada. Su primera grabación oficial está  a la vuelta de la esquina y su público la espera impaciente para poder seguir descubriendo los entresijos de su familiar poesía y su crisol estilístico.

 

Fotografía: Pablo Sayago

 
Las claves para lograr este impacto sociocultural en nuestra escena en tan breve período de tiempo, se fundamentan en el cuidado de los detalles, su experiencia y recorrido, los contrastes y matices aplicados a su música y el protagonismo ejercido individualmente en el momento exacto sin desvirtuar a la canción. Ese es el blasón, el escudo de armas concedido por el soberano, de incuestionable valor e inalterable posición en la escala de valores artísticos: el aplauso y reconocimiento.

 

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