7 de Agosto de 2018

Texas Blues Fever: Ecos de Texas desde Stratos despintadas

Por Héctor Núñez.

 

Es fascinante observar cómo la música es capaz por sí misma, como máximo exponente de expresión y conexión de culturas, de derribar cualquier tipo de barrera social para introducirse como un germen en las arterias artísticas de un pueblo y conseguir impregnarle de parte de su esencia. Es emotivo presenciar en primera persona parte de la evolución y la integración de una música racial en nuestro ADN andaluz. Es maravilloso poder reconocer a Huelva como actriz indiscutible en el proceso de adhesión del blues a nuestra cultura popular, y enorgullecernos de que aquella semilla germinó y florece cada día con más ramificaciones.

 

Texas Blues Fever tal vez sea una de las últimas propuestas asociadas al Blues Eléctrico Tejano, al Rhythm & Blues e incluso al Funk más distorsionado que ha arraigado en nuestra ciudad en los últimos años. Un proyecto que lejos de canibalizar o tratar de monopolizar a un público silencioso pero de amplio espectro, pretende realmente sumar y enriquecer la escena desde su propia perspectiva. Un enfoque multi estilístico, más versátil y adaptable que otros formatos más puristas, y que encuentra en la variedad su mayor y más productivo aliado.

 

 

Para analizar la historia de TBF tenemos paralelamente que revisar la trayectoria de Alberto Delgado, un joven y talentoso guitarrista granadino que con apenas 17 años se movía con soltura por los escenarios de su ciudad natal con sus Canal Blues, compaginando posteriormente su actividad en directo con su carrera laboral, íntimamente ligada a la música en tiendas de instrumentos y como profesor de armonía en Academia Guitarra Didáctica. Un pura-sangre (analogía propiamente americana) que recaló después en Madrid con Four Dog Night, siguiendo estelas de directos y jams para estabilizarse definitivamente hace unos años en Huelva y fundar su proyecto más estable hasta ahora en 2015.

 

Dos años de trabajo constante y búsqueda continua de los elementos afines con los que plasmar sus inquietudes en una ciudad de notable calado blues, que llegan a buen puerto con  la inclusión de un auténtico todo terreno de la música onubense, Diego “Lulo” Marín archi-conocido de la escena, escudero de los Black Cats, base de Waterdogs, pieza indispensable de Elmuerto, fundador de Muröi y con la suficiente versatilidad, carisma, experiencia y talento para sostener el envite de la ambición, magnitud y seriedad que requería Alberto para formalizarlo. Junto a Lulo, Paco Pérez, guitarrista en la sombra, estudioso del instrumento, amante del ritmo acompasado que consigue facilitar los carriles idóneos para la exposición solista sin desvirtuar el concepto. Rompiendo con los cánones de veteranía intrínsecos del estilo, Ilde Martín, combatiente en cualquier escenario y formación que precise de parches ajustables a cada momento, dejando siempre su impronta de accesibilidad y adaptación, mientras paralelamente se gana el favor de la cultura onubense con su apuesta por la difusión multi escénica desde The Molly Live Bar. Tratando de cerrar el sonido y las carencias siempre evidentes en proyectos similares, el sonido Hammond debe estar presente y Rosa García, con estudios basados en musicología y que ahora compagina además con el área de MM&J de Huelva cierra definitivamente una formación perfectamente compensada, con rasgos visibles muy comunes y otros tan opuestos que consiguen mantener un perfecto equilibrio con el que abordar un aventura tejana en Andalucía.

 

 

En apenas unos meses, y trabajando desde los escenarios base, sin aceleración y con los objetivos de consolidación como eje de trabajo fundamental, Texas Blues Fever se van haciendo un nombre en la ciudad, que aplaude y reconoce un trabajo de recopilación y re-exposición de clásicos con una puesta en escena los suficientemente sobria y clásica como para dejar que sea la propia música y el temperamento y raza de sus integrantes los que sirvan de carta de presentación de su trabajo. La sombra de Freddie King y el espíritu de Stevie Ray Vaughan se hacen patentes en cada concierto, con un importante protagonismo en los repertorios y dejando constancia de la principal virtud y más importante arma de la formación: su constante búsqueda de sonidos, su inagotable fuente de recursos para lograr asemejar las armonías a las originales, la  permanente y casi obsesiva persecución del carácter intrínseco de cada composición que permita rememorarla desde el prisma en que fue escrita: la obtención del mojo.

 

No se puede renunciar a la raza, no se puede maquillar la sangre, no se pueden ocultar los cromosomas, no podemos engañar a nuestro ADN, no se puede mantener atado el temperamento que nos hace ser quienes somos, y cuando el flamenco no puede crecer ni desarrollarse, se transforma, muta con Fiebre Tejana hacia el blues y el soul para aflorar y continuar el legado de expresión con que fuimos agraciados en Andalucía… carácter y pureza

 

 

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