23 de junio de 2018

Vía Verde: Un Punk-to de inflexión

Por Héctor Núñez.

 

La leve diferencia ortográfica que distingue el significado real de actitud y aptitud es inversamente proporcional al desconcierto que genera su aplicación errónea. Se suelen confundir en cualquier ámbito, pero es en los espacios escénicos donde estos términos adquieren un protagonismo esencial, puesto que el arte es intrínseco y no suele adquirirse con el paso del tiempo, aunque sí es posible desarrollar el talento innato. Cuando coinciden en un mismo artista ambas cualidades, se desvela la auténtica esencia del rock and roll.

 

Vía Verde son a día de hoy la perfecta combinación de esa actitud natural, mezcla de ilusión y talento, junto a la aptitud ascendente necesaria para desarrollar esas habilidades congénitas. Podrían perfectamente protagonizar un film teenager de la costa oeste americana: su música sería la perfecta BSO, mezcla de punk surfero y rock de garaje, mientras que el guión de la película lo escribiría su propia historia.

 

 

Abrimos con un flash back, algo desenfocado y en blanco y negro que nos traslada a 2014, justo en la mitad de la historia, donde un grupo de chicos de poco más de 16 años abren Kanina Rock, uno de los festivales más importantes del sur, sorprendiendo a propios y extraños por su energía, su desfachatez, sus ganas y su explosiva puesta en escena. Retrocedemos con efecto bobina sepia hasta 2012, para situarnos en un pequeño sótano de La Redondela readaptado para conseguir un aula de escuela de rock por parte de la asociación Arte Rock, donde se conocen Fabio, Roberto, Carlos y Víctor y sueñan con tener una banda de rock, amparados por el constante movimiento cultural que siempre ha identificado a esta pequeña localidad costera. Avanzamos nuevamente, aumentando los fps para asistir al apadrinamiento y ayuda de Impacto (banda referente y consagrada de la zona) para obtener un mínimo de recursos con los que poder comenzar a dirigir su carrera. Horas de dedicación, días y días de frío y calor con Ramones sonando de fondo para volver al punto de inflexión de los entonces bautizados como  The Moot Point abriendo un festival.

 

Y es precisamente en ese pun(k)to, al alcanzar un ápice de notoriedad, cuando se endurece aún más el trabajo: composición, vuelta de tuerca a su sonido, búsqueda de identidad estilística, ensayos y más ensayos y cambio de nombre a Vía Verde, para nunca olvidar sus raíces (haciendo referencia a un paraje de su localidad) y poderse presentar a nivel nacional con una carta de presentación en firme bautizada como “Punto de Conflicto”. Un disco absolutamente personal, autóctono y generado completamente en La Redondela bajo la producción de Santi García (todoterreno, músico y productor onubense) y repleto del  punk actualizado del que adolecía nuestra ciudad, fresco, directo y arrollador.

 

 

Casi llegando al final de nuestro cortometraje, asistimos a la consagración de la propuesta, fruto de su propio trabajo y esfuerzo: conciertos en Sevilla, Huelva, Valencia y el macro festival Anfi Rock, mientras (evidentemente) compaginan sus estudios con la afición que desean se convierta en oficio, aunque siempre sin levantar los pies del suelo, excepto para saltar en cada escenario que pisan.

 

Ahora, tan solo cinco años después, mientras vemos pasar los créditos de la precuela, y desalojamos lentamente la sala, actitud y aptitud parece que se dan la mano, comienzan a entremezclarse sin eclipsar la una a la otra, en perfecta armonía y recordándonos, desde la visión de la juventud, que el mensaje no se perdió, que el rock no fue domesticado, que no se comercializó su espíritu y que aún se puede levantar la voz y gritar “…lo nuestro es el Punk…”

 

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