22 de Junio de 2018

Receta para una exposición veraniega de éxito

Por Jennifer Rodríguez-López.

 

(Sobre la exposición colectiva Déjà Vu. Primera parte, en Espacio 0)

 

Pensar en arte y verano es llevar la mente hasta los paseos a orillas del mar de Sorolla, las escenas urbanas y soleadas de Hopper, los paisajes estivales de Monet, los acalorados bañistas de Seurat o los atardeceres de Warhol. El verano es también tiempo de exposiciones frescas, originales y atrevidas, alejadas de la sobriedad propia del invierno. Es por ello que este artículo propone una receta para una exposición veraniega de éxito, como la inaugurada el pasado 14 de junio en la galería Espacio O bajo el título de Déjà Vu. Primera parte, en la que participan once artistas: José Manuel Albarrán Pino, María Carbonell, Cristina del Campo, Frank Gamiz, Jorge Hernández, Paco Lara-Barranco, Marisa López, Rubén Martín de Lucas, Pablo Merchante, Víctor Pulido y Pedro Rodríguez Garrido.

 

Como en cualquier otra receta, comenzaremos con la enumeración de los ingredientes necesarios para llevarla a cabo y, una vez descritos éstos, se detallarán los pasos a seguir para orquestar todos los sabores que integran este artístico plato. Así, el primero de ellos es un espacio adecuado, como la galería Espacio 0: versátil, polivalente y multifuncional, dirigida por Gustavo Domínguez, responsable de la elección de artistas, el concepto expositivo, el montaje y todos los aspectos que conforman la realización de una exposición. Otros elementos fundamentales en esta receta son los artistas, cuyas personalidades y estilos artísticos son dispares entre sí, pero manteniendo puntos de unión que dotan de coherencia y sentido a la muestra.

 

 

Es indispensable también contar con un ambiente festivo, relajado y agradable. En la inauguración de Déjà Vu, dicho ambiente fue propiciado por la presencia de la Dj Andrea Tess, quien amenizó el acto con una sesión en directo, y por los vinos de Bodegas Iglesias, maridados siempre con la cultura. Por último, un ingrediente muy importante: el público. Visitantes y espectadores ávidos de novedosas propuestas expositivas y fieles asistentes de las muestras, para los que se conciben éstas.

 

¿Listos? Empecemos. El primer paso es la selección de semillas naturales, extraídas de las piezas de Rubén Martín de Lucas, para llevar a cabo una reflexión vital, ya que el paisaje, el concepto de territorio y el comportamiento humano, entre otros, son los temas tratados por este artista, profundamente concienciado con las problemáticas globales. Sus obras se exponen como entrante, como primer bocado, para abrir el apetito de los comensales.

 

A continuación, se añade una cucharadita de Marisa López, quien participa en la muestra con una obra de pequeño formato, intimista y concentrado. Un retrato sin retratado que transmite a través de la figuración una serie de sensaciones en un estilo personal y cercano, dotando a la colección de frescor, como las hojas de menta de algunos platos de alta cocina.

 

 

El resultado se emulsiona con las texturas y relieves de las piezas de José Manuel Albarrán Pino. Sus obras, conectadas a través del motivo esférico, incurren en la investigación artística a partir de la experimentación con los materiales, sus propiedades y cualidades, y las posibilidades que éstos aportan a la expresión subjetiva del artista.

 

Seguidamente, los sabores se cristalizan en la obra de Jorge Hernández, en la que los límites de la realidad se confunden con el surrealismo propio del cine y las fantasías. Una escena imaginaria envuelta en una atmósfera de color y resina cuyo atractivo reside en la ruptura de códigos que el espectador interpreta como próximos, pero que aparecen tamizados por la intención del pintor.

 

Se saltean los distintos elementos a los que se añaden una gotas de María Carbonell, fusionadas con dos instantes encontrados, en los que la mirada de la artista se posa por azar. Este punto de partida supone la creación de imágenes casi descontextualizadas que relatan un momento en el que el observador tiene que llenar los espacios en blanco.

 

 

A fuego lento se elabora la pieza de Frank Gamiz, mostrando la imagen fotográfica, el color y la verticalidad como centros de la misma. El artista, influido por el diseño, la moda y el cine, se inspira en el pensamiento irracional y en la preocupación estética desde un punto de vista crítico y reflexivo, lo que combina con la interacción y la versatilidad que permite el lenguaje de la fotografía.

 

Siguiendo las nuevas tendencias de la cocina de autor, se deconstruye el conjunto mediante la pixelación encontrada en la obra de Paco Lara-Barranco. En ella, el espacio es tratado como plano, como superficie, sobre las que las gotas de tinta crean una imagen en volumen, tridimensional, indagando sobre el lenguaje y las propiedades de la pintura.

 

El toque cítrico lo aporta Pedro Rodríguez Garrido, quien representa entornos urbanos en los que el dinamismo y la luz son captados por el artista a través de los rápidos trazos y del uso de colores ácidos, cálidos y neón, propios de las grandes ciudades que son escenario y motivo de su interés como creador.

 

 

El emplatado corre a cargo de las piezas de Cristina del Campo, en las que la materialidad del medio pictórico se transforma casi en escultura, en fósiles artificiales y geométricos, en arquitectura fragmentada, en visión aumentada descrita a partir de las líneas del dibujo, en espacio abstracto que se convierte en objeto contemporáneo.

 

Sazonamos abundantemente con la obra de Pablo Merchante, servida con rulo de alfombra, nutriente resultado de la introspección que realiza el artista en cada pieza, fruto del viaje interior y de la continua indagación sobre el arte y la pintura como materia en sí misma que son el germen de su producción artística.

 

Por último, atemperamos y dejamos enfriar junto a la obra de Víctor Pulido, pues sus tonalidades frías y las formas representadas ahondan en la sensación de paisaje glacial y subrayan las características orgánicas e inorgánicas de la imagen, generando un juego visual con la profundidad como núcleo.

 

Déjà Vu se encuentra integrada por dieciocho piezas, dieciocho componentes de esta receta, que conforman un plato fresco, apetecible y que podrá visitarse en la galería Espacio 0 hasta el 21 de julio. Para todo tipo de paladares y gustos. ¡Ah! No debemos olvidar el ingrediente secreto: amor, mucho amor (al arte).